Brasil sí salió campeón

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El pueblo lo hizo

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Brasil sí salió campeón en este mundial, pero no los jugadores como equipo de fútbol; sino la gente, como sociedad. Las manifestaciones callejeras que ocuparon las portadas de los medios del mundo durante los últimos meses, no fueron ningún capricho del pueblo brasileño. Y aunque durante el tiempo que duró el fútbol, no se habló de otra cosa que de eso, nunca dejaron de existir las movilizaciones de un sector de la sociedad que se expresa con convicciones más que interesantes. ¿Qué es lo que pasa en Brasil, entonces? Básicamente, ha creado a su propio “monstruo”. Hasta el día de hoy, y desde que el Partido de los Trabajadores llegó al poder en el año 2003, con Lula da Silva como presidente, se han producido grandes cambios en la República Federativa de Brasil. La economía creció notablemente (hoy es la séptima más fuerte del mundo), las relaciones internacionales se potenciaron, el porcentaje de población infantil analfabeta se redujo alrededor de un 30%, y más de 40 millones de personas salieron de la pobreza.

Todos estos logros son reales y se le reconocen, tanto a Lula da Silva, como a la actual presidenta Dilma Rousseff.

Sin embargo, y en rigor de verdad, a Brasil aun le quedan muchos pendientes por resolver. Si quisiéramos nombrar algunos, podríamos decir que las favelas o asentamientos, todavía albergan la vida precaria de más de 10 millones de personas, que los cupos universitarios son mínimos en relación a la demanda estudiantil, que la atención hospitalaria está permanentemente colapsada, que los delincuentes y el narcotráfico se manejan con impunidad, y que la infraestructura del transporte público ya hace años no logra cumplir con su objetivo de trasladar en tiempo y forma a los pasajeros. Inclusive, si miramos la tabla de Desarrollo Humano de la ONU, que mide la calidad de vida de todos los países del mundo en relación a una serie de indicadores, encontraremos a Brasil en el puesto 85.

Pero retomemos la pregunta inicial: ¿Qué es lo que pasa en Brasil? Los avances indiscutibles de la última década, y la ostentación de crecimiento y promesas de potencia, admiten (aunque a la dirigencia no le guste) una inquietud genuina por parte del pueblo, que a sabiendas del enriquecimiento económico, encuentra una fragilidad en las instituciones para traducirlo en enriquecimiento cultural, es decir, en calidad de vida. La precariedad de los logros se transforma en evidencia para el ciudadano. Y lo que en verdad sucede, es que el mismo estado que no está garantizando las necesidades de sus habitantes, sí estuvo gastando cifras estrambóticas en organizar un campeonato mundial de fútbol, con la construcción de estadios que se usaron entre cuatro y ocho veces, y luego generarán más gastos que ingresos.

Esto, naturalmente, hace que se desencadenen expresiones y manifestaciones de distintos sectores de la sociedad. La nueva clase media, salida de la exclusión, con aspiraciones e intereses, comienza a expresar su insatisfacción con la representación política. Las comunidades aborígenes, desplazadas de sus tierras, también muestran su descontento. Los sin techo reclaman por vivienda, salud y comida. Los empleados públicos exigen aumento de sueldo. Y el estudiantado, cansado de las irregularidades, sale a pedir inversiones en infraestructura y en reformas edilicias de colegios y universidades. Todos ellos tienen algo en común: quieren seguir progresando. Ya conocen el potencial de su país (la historia reciente se los mostró), y ahora ven factible la posibilidad de integrarse plenamente al mundo, e ingresar en la senda desarrollista de manera completa.

Por eso, retomemos una vez más la pregunta inicial: ¿Qué es lo que pasa en Brasil? Brasil está despertando de un sosiego que aúna a los países subdesarrollados. Su pueblo sabe que el crecimiento económico del país no asegura el progreso, y está exigiendo que la dirigencia política levante el guante de este reclamo y actúe al servicio de la sociedad. La dinámica cívico-política fue encendida por la vibración de un pueblo que ve factible el desarrollo, y le propone un contrapunto a sus gobernantes para que se hagan cargo de tramitar esta posibilidad. Por eso, Brasil sí salió campeón. O al menos, su gente lo hizo.

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Desafío por la inclusión

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South American Business Forum

 

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Alentando el desarrollo

 

Canadá crea una fondo para asistir a madres y niños de Latinoamérica

Canadá encuentra en Latinoamérica, una buena alianza comercial. Por lo tanto, entendiendo que si progresa y se desarrolla, les puede ir mejor a todos, creó el Canadian Fund for Civil Registration for Latin American and the Caribbean, un fondo para invertir en salud materno-infantil en los países de la región. La inversión se hará en el Banco Interamericano de Desarrollo durante un período de cuatro años, y será de 20 millones de dólares.

Las palabras del Ministro de Inmigración canadiense son el reflejo del pensamiento de una sociedad desarrollada: “este enfoque refleja los valores de millones de canadienses que creen que no podemos estar inmóviles mientras los más pobres y vulnerables sufren muertes que son fácilmente prevenibles y a bajo costo”

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Canadá presenta nuevo fondo para ayudar a las madres y niños de Latinoamérica y el Caribe