Repensar el desarrollo

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De los números a las personas

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Una visión de desarrollo muy recurrente es la que está casi perfectamente alineada al crecimiento económico de los países. “Si se optimizan los recursos naturales y aumentan el PBI, la producción, o las inversiones, el país crece en desarrollo”.

Básicamente, y de manera exagerada, ese es el parámetro que muchas veces usan los gobiernos, los estadistas y los críticos, para hablar bien o mal de un país o una región. Sin embargo, en más de una oportunidad, y sobre todo en algunos países latinoamericanos, ha quedado a la vista del mundo que desde esta visión economicista, no se logra impactar positivamente sobre las personas, si no existe un entorno cultural e institucional que permita convertir ese crecimiento en calidad de vida.

Por esta razón, otra forma de entender el desarrollo está buscando su espacio entre las discusiones de las sociedades actuales. Se trata de una visión más humanista, que comprende al desarrollo integrando un conjunto de factores que hacen al bienestar de las personas, y por extensión, de la sociedad.

Esto no significa ausencia de logros si en una nación crece el PBI, aumentan las exportaciones y se reciben más inversiones extranjeras. Al contrario, quiere decir que ese país tiene una oportunidad para subirse a la rueda del desarrollo. Pero esa oportunidad sólo será aprovechada en tanto las instituciones sean capaces de comprender la necesidad de renovarse permanentemente, estando siempre al servicio de los ciudadanos, tanto desde lo legal como desde lo ético.

Concretamente, el desarrollo existe en las personas y en la cultura. Educación, Salud, Seguridad (social y afectiva), Libertad, Equidad y Calidad de Vida, son las necesidades y deseos que movilizan a las personas para llevar adelante el desarrollo de forma integral. Amartya Sen, economista y filósofo indio, fue uno de los precursores en este tema. Por primera vez, en la década del 60, cuestionó los parámetros con los que se medía el desarrollo, objetando que los valores humanos no podían ser relegados en esta medición. Indicadores blandos, como la libertad (de acción, pensamiento y crecimiento intelectual), la Justicia, o la Seguridad (estabilidad), debían tenerse en cuenta para comprender realmente la situación de los países y de sus habitantes. Con el tiempo, su teoría fue tomando peso entre la comunidad académica, y hoy, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), mide el Índice de Desarrollo Humano utilizando, entre sus indicadores, algunos de los propuestos por Amartya Sen.

La capacidad de comprender que las variantes económicas son sólo una herramienta más para la formación de desarrollo, es lo que distingue a esta visión, que pone el énfasis en la persona, preocupándose más por el despliegue de sus potencialidades en la diversidad, que por la cantidad de dólares que representa en el PBI de su país. En el mundo actual, tan vertiginoso, donde ayer parece viejo y mañana indescifrable, se hace necesario poner una pausa y reflexionar cómo queremos vivir y medir nuestros niveles de desarrollo de ahora en más.

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Nuevos conocimientos sobre pobreza 

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Hans Rosling

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El investigador Hans Rosling usa sus herramientas de datos para mostrar cómo los países salen de la pobreza. Demuestra la Calle del Dólar, comparando familias de diferentes niveles económicos. Y al final hace algo realmente sorprendente.

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De la tierra a la mesa

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La verdadera revolución de la alta cocina peruana

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Perú está llevando a cabo una verdadera revolución de su alta cocina, una que no se queda sólo en las mesas de los grandes maestros cocineros, sino que llega hasta los campesinos, a quienes se les ofrece una participación en los beneficios de esta industria. Y una que, además, no sólo preserva la biodiversidad, sino que la fomenta.

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Crecimiento de la población global

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Hans Rosling

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En los próximos 50 años, la población mundial llegará a los 9.000 millones de habitantes. Sólo elevando el nivel de vida de los más pobres podremos controlar el crecimiento poblacional.

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Energía solar con las olas del mar

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Brasil: generan energía a partir del movimiento de las olas del mar.

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