NAC: todo arranca con tres letras

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Tres países muy distintos, tres países muy iguales

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Iniciemos un juego y pasemos rápidamente a otra cosa. Anotemos en algún lado los primeros tres países que se nos vienen a la cabeza cuando hablamos de “potencias mundiales”. Ahora, sigamos el artículo. Volveremos sobre el juego más adelante.

Si uno lee o escucha “NAC”, posiblemente piense en un término informático, en la palabra nacional abreviada, o en la forma distorsionada de un golpe a la puerta. Sin embargo, el término NAC puede ser la forma contemporánea de nombrar el desarrollo económico y humano: Noruega, Australia, Canadá.

¿Por qué habrían de conformar una sigla las iniciales de estos tres países y no las de otros? ¿Por qué no Honduras, Etiopía y Serbia (HES), por decir tres al azar? No están en una misma región geográfica, en algunos casos no comparten idiomas, y además sus culturas son muy distintas entre sí.

¿Qué es, entonces, lo que vincula a Noruega, Australia y Canadá para que compartan la pertenencia a una misma sigla?Tal vez la respuesta nos condicione el resto del juego. Sin embargo, veamos de qué se trata. Los NAC (así es como se los llama) son los países que sirven de inspiración cuando hablamos de calidad de vida. Sus modelos de desarrollo la tienen como objeto directo. Salud, educación, trabajo, seguridad, libertades; todo parece converger en cada uno de estos países como en un círculo virtuoso. No tienen las economías más fuertes del mundo, pero son muy competitivas. Encabezan las tablas de todos los índices que miden el desarrollo humano, figuran permanentemente como los mejores países para vivir, tienen porcentajes de pobreza muy bajos, calidad educativa de primer nivel y una capacidad de planificación y organización colectiva que les permite anticiparse y sobreponerse a los problemas.

Lo fundamental o la base para mantenerse así, es que no pierden de vista a las personas. Y saben que ninguna sociedad puede progresar y alcanzar resultados de estas características, si no logra hacer fuertes, inclusivas y estables a sus instituciones. En efecto, las instituciones son lo único capaz de crear certidumbre en una sociedad acerca de su futuro. Y esto es así porque, en parte, lo construyen.

Por eso, en cada uno de estos tres países, el rol de las instituciones, en concordancia con la participación ciudadana, es central.

El ecualitarismo, además, es otro pilar del desarrollo de los NAC. Esto quiere decir que son sociedades basadas en la igualdad de oportunidades. Todos los sectores sociales logran una concertación nacional que posibilita un nivel de vida digno al conjunto de los ciudadanos, sin condicionamiento de clases.

Por todo esto, los NAC parecen emerger como referencia para los países de América Latina y el mundo, en su búsqueda de progreso y desarrollo humano. Las capacidades sociales de integración, igualdad y consolidación institucional que se ven en Noruega, Australia y Canadá, dibujan un camino que resulta estimulante para las naciones de nuestra región, y aunque no existe un mapa exacto para seguirlo, resulta muy útil ver cómo hicieron otros para recorrer el suyo con éxito.

Finalmente, retomemos el ejercicio inicial. ¿Qué países se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en “potencias mundiales”?

Si la respuesta tiene que ver con los NAC, tal vez hayamos acertado. Ahora bien, si queremos ganar en serio el juego, deberíamos intentar agregar nuestra inicial a esa sigla.

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