Ser preso no es tan malo

Más que una cárcel, un barrio privado

En Latinoamérica (y en el mundo, en general) cuando hablamos de cárceles, se nos vienen a la cabeza el calabozo, la celda, el pabellón, las rejas, la violencia, el encierro, la marginalidad… Sin embargo, existen otro tipo de prisiones en el mundo, y también en América Latina.

Es el caso de Punta de Rieles, la prisión uruguaya que alberga a más de 600 reclusos y que, desde su fundación en el 2010, funciona casi como un barrio privado.

¿Cómo es esto?

Concretamente, es un pueblo cercado, con muros y alambrado en su perímetro, pero donde la vida de los internos no difiere mucho de la de cualquier persona.

Allí, los internos trabajan para garantizar su sustentabilidad y conviven en comunidad. Realizan más de 30 actividades comerciales internas y para el afuera, con la premisa de su director de que “preparar a estos hombres para vivir en libertad, implica que convivan en un escenario lo más parecido al mundo exterior”.

Además, la presencia policial es mínima y los presos cuentan con el apoyo permanente de trabajadores sociales, que bogan por humanizar la cárcel y asistir a los presos en su desarrollo humano.

Hoy, de cada 300 personas que dejan la prisión de Punta de Rieles, sólo cuatro vuelven a delinquir. El resto, ya está preparado para reinsertarse en la sociedad.

Un logro de un país de la región. Lo celebramos.