Mangabeira Unger: “El triunfo de Trump puede crear una nueva relación con Sudamérica”

El reconocido profesor de Harvard y ex ministro de Lula analizó las razones del triunfo del magnate y las perspectivas de su futuro gobierno.

 

Roberto Mangabeira Unger casi no precisa presentación. Figura entre los principales pensadores contemporáneos y participa activamente en la política brasileña. Fue ministro de Asuntos Estratégicos en el segundo gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y continuó durante el primer período de Dilma Rousseff. Hoy defiende abiertamente la candidatura presidencial del ex gobernador Ciro Gomes, del Partido de los Trabajadores, para las elecciones brasileñas de 2018. Autor de una veintena de libros, Mangabeira es profesor desde 1976 en Harvard.

Días después de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en una entrevista con Clarín, desde su oficina en la prestigiosa Universidad estadounidense, el experto habló del significado del futuro gobierno de Donald Trump para ese país y para América del Sur. Juzgó que para los sudamericanos esta puede ser una oportunidad para una nueva relación con Washington.

-¿Qué representa Donald Trump: un destructor de las reglas políticas vigentes en Estados Unidos?

-La razón básica que explica la victoria de Trump fue el abandono de la clase trabajadora blanca del país por parte del Partido Demócrata. En la segunda mitad del siglo XX, los demócratas no lograron construir un sucedáneo del New Deal: un proyecto capaz de atender los intereses de la mayoría trabajadora blanca del país. En su lugar, esbozaron una alianza de minorías y se dedicaron a atender la agenda social de la clase adinerada.

-¿Y el Partido Republicano hizo algo diferente?

-Los republicanos aprovecharon para ganar y ejercer el poder por medio de una fórmula: concesiones materiales a las clases adineradas (por ejemplo, con la reducción de impuestos) y concesiones morales para las clases sin dinero (por ejemplo, la lucha contra el aborto). Todo eso explica el gran vacío que se construyó en la política norteamericana, con la coexistencia de esos dos proyectos, el demócrata y el republicano. Trump percibió y se valió de esa orfandad polí- tica de la mayoría trabajadora. Esa es la explicación de esta elección. No fue una gran victoria, ya que Trump recibió menos votos que su rival demócrata Hillary Clinton pero venció en el colegio electoral. Sin embargo como obtuvo el apoyo de la mitad de la población, él representa un revulsivo impresionante.
-¿Por qué usted habla de revulsión? ¿No era previsible que esto ocurriera?

-Tendría que haberse previsto. Pero el ejército de comentaristas y lobbistas, como también el grueso de la gente del aparato político, no imaginó el grado de fragilidad de la situación política que existía, y existe, en los Estados Unidos. Fue necesario que un outsider de la política lo percibiese y aprovechase. De no ser Trump, habría sido otro.
-Si se puede pensar que por, ser empresario, Trump será un negociador, ¿a qué le teme Wall Street?

-El temor se genera porque, estos que usted mencionó, están acostumbrados a controlar la política mediante la opinión y el dinero. Y cuando la política se muestra tal como es intrínsecamente: es decir, incontrolable, ellos se asustan. Es natural.

-Muchos analistas han interpretado la victoria de Trump como si se tratara del advenimiento de un nuevo paradigma. ¿Cree que es así?

-El éxito de Trump al aprovecharse de ese vacío no significa que él proponga un proyecto consistente. Atacar inmigrantes, restablecer barreras arancelarias, subsidiar el capital privado para construir infraestructura y enfocar la política exterior en el combate contra el radicalismo islámico, es batirse en retirada. No es engrandecer sino empequeñecer el país. Los problemas estructurales de Estados Unidos son básicamente los mismos que enfrentan Europa y América del Sur en la actualidad. Pasan por asegurar que la nueva economía del conocimiento se desarrolle de manera socialmente incluyente, en vez de confinarla a vanguardias relativamente aisladas dentro de cada economía nacional. El debate es cómo generalizar una educación analítica para todos y no solo para una pequeña élite; y cómo organizar una democracia de alta energía que no necesite de la crisis para permitir cambios.

-¿Y cómo será esto posible?

-Para todo eso es preciso tener una visión estructural y una agenda concreta de innovaciones institucionales, de manera de organizar una economía de mercado y una democracia representativa. Es eso exactamente lo que le falta a las izquierdas contemporáneas.

-¿Cómo puede impactar en América del Sur el gobierno Trump?

-Pienso que crea una oportunidad para construir otro tipo de relación con Estados Unidos. El nuevo gobierno no tendrá un proyecto definido para los sudamericanos. No habrá de proponer ninguna nueva versión del Alca bajo el liderazgo estadounidense. Y compartirá, con nosotros, un interés común en imponer límites a la expansión de China en nuestro hemisferio. Para nosotros es vital que se evite una relación neocolonial con China como aquella que los chinos vienen construyendo con los países africanos. Somos nosotros los que tendríamos que tomar iniciativas para construir esa nueva relación con Estados Unidos basada en una alianza concreta e intereses y valores comunes. Pero veo en esto tres obstáculos, aun cuando son superables. El más importante es nuestra falta de proyecto interno propio; aun cuando no deben descartarse las directrices históricas de la política exterior norteamericana y la demolición de nuestra defensa (militar).

-Hay algunas razones para pensar que la política exterior de Donald Trump podrá impedir la construcción de esa nueva relación con Estados Unidos…

-Mire, desde la fundación de Estados Unidos la política exterior se basa en dos principios. El primero es impedir que un país cualquiera pueda consolidarse en una región dada como hegemónico, de modo que le sirva de base para buscar la hegemonía mundial. Y el segundo elemento es que Estados Unidos pretende ejercer una hegemonía incontrastable en el Hemisferio Occidental. Desde luego, estas condiciones son inaceptables para nosotros; y sabemos que el gobierno de Trump no irá a repudiarlas. Pero también podemos decir que no habrá de afirmarlas en forma agresiva. De allí la oportunidad de involucrar a los norteamericanos en un amplio rango de iniciativas comunes y paralelas, económicas y no económicas.

-Pero ¿usted considera que los sudamericanos están preparados para una relación de este tipo con la primera potencia mundial?

-Es difícil alcanzar ese objetivo si nuestros países fueran protectorados de Estados Unidos. Por esa misma razón, es necesario tener una defensa seria y una industria y tecnología del sector también seria. Basta señalar que nuestras comunicaciones con el resto del mundo dependen de ellos y que nuestras fuerzas armadas dependen del GPS norteamericano. Defensa, en primer lugar, significa tener la fuerza de decir no.

Comentarios